guía completa para salir de deudas sin improvisar
Cuando una persona o una empresa llega al punto en que ya no puede sostener el pago normal de sus obligaciones, aparece una pregunta inevitable: ¿qué hago para que esto no se vuelva un desastre? En Colombia, el proceso de insolvencia existe precisamente para eso: organizar una crisis financiera bajo reglas, evitar que cada acreedor actúe por su lado y crear una solución global.
Y ojo con esto: insolvencia no significa “no pagar”. Significa reconocer que pagar en las condiciones actuales es inviable y entrar a un procedimiento que permita negociar o liquidar ordenadamente, según el caso.
¿Qué es el proceso de insolvencia?
El proceso de insolvencia es un mecanismo legal que se activa cuando hay cesación de pagos o señales objetivas de que el deudor ya no puede cumplir. Dependiendo de quién sea el deudor, el proceso puede llevar a:
- Negociación de deudas (acuerdo de pago)
- Reorganización (si es empresa/comerciante y el negocio es viable)
- Liquidación (cuando no se logra acuerdo o no hay viabilidad)
El punto clave es que el proceso es colectivo: no se trata de arreglar “una deuda”, sino el panorama completo.
Tipos de insolvencia en Colombia (y por qué esto es importante)
Antes de mover un dedo hay que responder: ¿qué tipo de deudor eres?
1) Persona natural no comerciante
Es el ciudadano “normal” que no actúa como comerciante formal. Aquí el proceso suele iniciar ante:
- centros de conciliación,
- notarías,
- y en caso de liquidación, juez civil.
2) Empresa o comerciante
Si eres sociedad o persona natural comerciante, el marco principal es la Ley 1116 de 2006, y el caso lo lleva un juez del concurso (SuperSociedades o juez civil competente).
Error común: intentar insolvencia de persona natural “no comerciante” siendo comerciante, o al revés. Eso te puede tumbar el trámite o hacerlo más lento.
¿Cuándo conviene entrar a un proceso de insolvencia?
Hay señales claras de “alerta roja”, por ejemplo:
- pagas una deuda con otra (tarjetas para cubrir cuotas),
- te atrasas y solo cubres mínimos,
- ya tienes dos o más acreedores apretando a la vez,
- hay procesos ejecutivos, embargos o notificaciones,
- tu ingreso ya no aguanta el nivel de cuotas.
En insolventarte, el tiempo importa: cuanto más esperas, más crecen intereses, cobros y demandas, y menos margen queda para negociar.

Etapas del proceso
Aunque cambia según el régimen, el mapa mental es parecido:
Etapa 1: Diagnóstico y preparación
Aquí ganas o pierdes. Se hace:
- listado completo de deudas (capital, intereses, cuotas, mora),
- inventario de bienes (incluye bienes a tu nombre y activos relevantes),
- ingresos y gastos reales (no “lo que me gustaría”),
- soportes documentales (pagarés, extractos, cartas, etc.).
Tip práctico: si no tienes “foto total” de tu situación, cualquier acuerdo será una bomba de tiempo.
Etapa 2: Inicio formal del trámite
Se presenta solicitud ante la autoridad competente. Lo relevante:
- no es “llenar un formulario”, es sustentar la situación,
- mostrar que existe cesación de pagos o criterios aplicables,
- acreditar acreedores y obligaciones.
Etapa 3: Negociación / reorganización (si aplica)
Se plantean propuestas como:
- alargar plazo,
- bajar cuota mensual,
- consolidar deudas,
- períodos de gracia,
- reestructurar intereses,
- acuerdos parciales dentro de un plan global.
Meta realista: que tu plan sea pagable sin que te vuelvas a quebrar.
Etapa 4: Cierre por acuerdo o paso a liquidación
- Si hay acuerdo: se firma y se cumple bajo reglas.
- Si no: se avanza a liquidación, donde se ordena el patrimonio y se paga según prelación.
Qué protege (y qué NO) un proceso de insolvencia
Te puede ayudar a:
- frenar la “guerra” de cobros,
- concentrar la negociación,
- evitar que un acreedor se lleve todo mientras otros quedan por fuera,
- poner orden y reglas.
No es un escudo mágico para:
- esconder bienes,
- inventar deudas,
- dejar de pagar obligaciones especiales como alimentos,
- vivir como si nada hubiera pasado.
La insolvencia funciona si hay buena fe y claridad.







